Las enseñanzas de los Rosacruces constituyen una moral elevadísima y un conocimiento profundo de la Naturaleza y del hombre interno.
Esta arcaica ciencia filosófica enseña en sus procesos preliminares la regeneración física, intelectual y moral de la humanidad, y en sus aspectos transcendentales, más elevados, capacita al estudiante sincero y deseoso en el desarrollo de sus facultades que van abarcando progresivamente, desde la arenilla insignificante, hasta el cosmos, desde el hombre hasta su origen divino.